FACTOR URBANO

Cities & Communities

Teodoro Fernández / Por un paisaje moderno

Por Roberto Moris (*)

Fotografía de Javier Lewin

En revista DECK en  www.closer.cl

Fotografía: Javier Lewin

Teodoro Fernández

Arquitecto, paisajista y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, nacido en San Sebastián (España) con una prolífica carrera de proyectos de destacada calidad.

En su monografía (Ediciones ARQ) Smiljan Radic rememora:

“…Difícilmente podremos encontrar un arquitecto tan hábil y rápido construyendo sobre el tablero como Teo… unos cuantos pliegues, pequeños cortes estratégicos y el perfil de acero quedaba transformado en viga; dos chinches, un hilo y la raya en forma de elipse trazada sobre el papel -tal como lo haría un buen jardinero- describía el recorrido del parque.”

¿En qué momento te diste cuenta que eras arquitecto?

Desde que tengo uso de razón quise ser arquitecto, siempre me gustó mucho trabajar con cosas que uno podría llamar maquetas. En esto ayudó el taller que mi padre tenía en la casa, donde inventaba cosas y teníamos acceso a muchas herramientas. Si bien él hubiera preferido que estudiara ingeniería primero, yo ya me había dado cuenta de que la cabeza visual era distinta de la cabeza matemática.

Luego en la Escuela pude advertir que la arquitectura era un mundo muy distinto a la preconcepción que tenía en términos puramente formales, lo que me pareció incluso más interesante. La Escuela siempre mantuvo esa especie de conciencia en torno a la arquitectura como protectora de la vida, de la sociedad. Que es lo bonito que uno descubre allí.

Eran tiempos en que el tema de la especulación inmobiliaria, ciudades fantasmas, etc, no existía en Chile. En ese momento, la Escuela mostraba gran entusiasmo en pensar que los predicados de la arquitectura moderna se venían muy bien con Chile, en cuanto a su relación con el espacio libre y por la sencillez de su economía.

La revelación puede estar asociada a la experiencia de conocer al profesor Jaime Bellalta que participó en la creación de la CORMU. Me hizo entender que la arquitectura más que con obras individuales, tenía que ver con la sociedad, la ciudad. En la visión del arquitecto pasaba a ser más importante tener una opinión respecto a eso que en cuanto a una obra o un cliente determinado.

La Escuela y la sociedad de fines de los sesenta y principio de los setenta estaban viviendo momentos convulsionados. Todo estaba muy marcado por temas políticos y también por el desprecio de las clases políticas por el profesionalismo (probablemente aún se puede reconocer algo de eso). Cuando quieres cambiar la sociedad no es que quieras hacer casas mejores, sino que lograr una sociedad mejor. Puede que no sepas lo que quieres, pero sabes que debe ser distinto.

Luego, recién egresado me fui a España y trabajé con Fernando Domeyko y Jesús Bermejo, allí me pude dar cuenta que la arquitectura era más importante que en Chile. Los arquitectos tenían una mayor presencia en la sociedad. Si bien ellos tenían una formación técnica y disciplinaria más sólida, nosotros lográbamos un diálogo en buenos términos. Teníamos ciertos temas comunes, un lenguaje común, la visión del arte de la arquitectura. Esto se podía entender en base a la mirada, a la forma, a una especie de belleza.

¿Existe algo que hayas estado buscando en tu arquitectura y que sientas que te estés acercando?

Cuando uno se da cuenta que es arquitecto o que pertenece a cierto grupo artesanal, básicamente se pregunta cómo puede uno desarrollar su trabajo y si éste tiene sentido en términos sociales. Si uno decide que sí tiene sentido, uno debe abrir campo. Como arquitecto tenemos algo que decir.

En un momento determinado me di cuenta que me interesaba lo que quedaba entremedio del objeto arquitectónico. En Santiago esto lo veía como una ciudad verde o capaz de tener cierto verde. Los arquitectos sí deberíamos decir o tener algo que decir respecto al paisaje, la naturaleza, el paisaje.

¿Te calza el hecho de ser arquitecto paisajista?

Si claro, de hecho es algo que hicimos bien voluntariamente. Los arquitectos debíamos acercarnos al paisaje, si no sería tomado desde otra mirada. No sólo era una posibilidad de tener trabajo, sino que era una posibilidad de decir cómo se debía organizar o desarrollar ese tipo de territorio. Cosa que hoy se ve muy cercana a la arquitectura, pero en los ochentas había una lectura equivocada de lo realizado por los grandes arquitectos como Le Corbusier, Wright o Aalto, creyendo que ellos trabajaban proyectos en entornos naturales no muy alterados o diseñados, distintos a la realidad chilena.

Ha pasado el tiempo y el siglo XX con sus contradicciones, hoy se dan por obvios ciertos temas considerados inicialmente como revolucionarios, como lo es el concepto de sociedad igualitaria. Se pensó que ese tipo de sociedades tenderían a la uniformidad, situación que Europa luego demostró que esto no es necesariamente así.

Las sociedades son complejas y hay gente que necesita estar a la moda en distintos niveles. Es una manera de ampliar la discusión, es distinto cuando se abordan sólo los temas formales o de estilo. La Escuela de alguna manera, hizo una revisión del movimiento moderno, de la relación económica entre el material y la forma, con los sistemas de vida y la apertura a la naturaleza.

Para Mario Pérez de Arce y Emilio Duhart era muy importante la relación con la naturaleza, de los espacios abiertos. Mario Pérez de Arce en el concurso que ganó del Salar del Carmen en Antofagasta, con una arquitectura vernacular adaptada a las técnicas de construcción modernas. También el concurso para la Población Juan Antonio Ríos que no ganó y que proponía unas casas patio, como una manera de transformar los espacios abiertos entre los edificios.

Con Mario Pérez de Arce, Marta Viveros, Myriam Beach y varios otros teníamos gran interés en estos temas. Había claridad de que esto debía ser algo dentro de la universidad, tratado como disciplina. Entonces creamos el Postítulo de Arquitectura del Paisaje y nos adscribimos a la International Federation of Landscape Architects (IFLA). Luego con el énfasis del Postítulo estos temas salieron del pregrado de arquitectura. Hoy debería estar haciéndose un esfuerzo por reincorporarlos.

¿Qué valor le das a la arquitectura de casas cubo?

El cubo, la caja, tiene una serie de cualidades que van bien con las propuestas de economía formal, siendo casas monomateriales por lo general. También tienden a ser casas suburbanas, una arquitectura de esa sencillez es fácil de contrastar o poner en valor con un paisaje que en Chile tiende a ser muy fuerte. Pasa a ser moda y tiene éxito porque tiene una serie de cualidades que lo hacen de fácil lectura.

Por otra parte, han estado muchas cosas de moda, como es la vuelta al pasado del posmodernismo, que por lo general, se hizo muy mal y alejado de los términos reales en que los planteó Aldo Rossi por ejemplo. El posmodernismo para ser bueno tenía que ser sumamente sofisticado y lleno de referencias. Cosa que aquí no se manejaba.

Es decir, le estás reconociendo atributos atemporales

A eso se debe el éxito y así es visto desde afuera, que se preguntan, cómo hace esta gente para hacer estas cosas de manera tan económica. De hecho, las primeras casas de Mathias Klotz eran muy baratas. Cumpliendo con algunas cualidades de sencillez, de lo que globalmente se conoce como minimal, pero que puede llegar a ser muy sofisticado y caro. Aquí era posible hacerlo con elementos bastante sencillos, poco superfluos, que también es otra discusión del movimiento moderno.

Funcionaba porque fundamentalmente en Chile la arquitectura siempre ha sido muy sencilla, para vivir.

Sin embargo, se publican mayormente casas de alto valor, ¿Crees que esta arquitectura penetre de manera efectiva en viviendas de menores costos, como es el caso del surgimiento de una neo vivienda social publicable?.

Será bueno ver en un tiempo más el comportamiento de proyectos como Quinta Monroy de Alejandro Aravena. Las clases populares son grandes recicladores, también lo son de modas. Estas especies de bases se podrían considerar lo que John Habraken llamó soportes. Capaces de recibir todo tipo de reciclados. Tal vez el producto final puede no ser tan depurado, pero puede producir una vida que se mantenga en el tiempo.

Este invento latinoamericano de la fachada de una puerta y dos ventanas y para adentro cualquier cosa, no está muy lejos de este tipo de planteamientos y otras acciones que se han hecho en Chile desde siempre como fueron la vivienda progresiva y los lotes con servicio. Experiencias de vivienda social que han sido realmente exitosas y en cambio en el caso de estas otras está por verse.

Este tipo de proyectos no dan cuenta de una prehistoria.

Exacto, no hay referencias. Es que los arquitectos somos creadores. Esta es una manera de instalar las ideas. La mejor manera de posicionar algo es decir, aquí hay un invento que nace de la nada. Si se comienza a explicar de dónde viene se considera aburrido.

En Chile tenemos una gran experiencia al respecto, por ejemplo el trabajo de Joan MacDonald. Es obvio que Chile tiene una historia, una preocupación por la vivienda social con muchas innovaciones. Como fue el dotar de agua potable y alcantarillado a enormes poblaciones a lo largo de todo Chile, son realmente impresionantes. Grandes ciudades como Buenos Aires tienen hoy en día graves problemas de cobertura sanitaria.

Imagínate lo que implica eso en la calidad de vida de miles de personas.

¿Qué opinión tienes del terremoto y la reconstrucción?

En el recorrido que realicé en Santiago y Talca después del terremoto uno se podía dar cuenta que el terremoto había sincerado una destrucción anterior de las ciudades. Las casas eran de bastante mala calidad, sin mantención e incluso las ordenanzas las habían echado al suelo antes. Los centros de las ciudades de regiones los han echado abajo las ordenanzas. La gente estaba viviendo en bastante malas condiciones, en barrios de autoconstrucción de principios de siglo XX. Se mostró un nivel de pobreza que pensábamos que ya no existía.

Da la impresión que la reconstrucción no está enfrentando este tema. Un problema que tenemos en Chile es que todos nuestros políticos pertenecen esencialmente a una clase y de alguna manera desconocen los términos reales de otras clases. Por lo tanto, no saben cómo actuar.

Hoy pareciera que todo debe ser rápido. El parque Bicentenario es un proyecto de larga duración ¿Qué valor le das al paso del tiempo en proyectos urbanos de este tipo?

Cuando se pensó el Parque de las Américas, hoy Bicentenario, era un lugar detrás de la ciudad, desconocido, que no participaba del imaginario de la ciudad. Cuando participamos en el concurso de 1999 la idea fundamental de nuestra propuesta era que Vitacura tenía la oportunidad de tener una fachada que limitara con la naturaleza.

Hoy es cada vez más difícil esto, uno nunca sabe dónde termina la ciudad y comienza la naturaleza. De alguna manera Vitacura podía pasar a ser una ciudad de costa, porque tenía el borde frente al Cerro San Cristóbal. Conquistar ese borde como un borde urbano que estuviera marcado por un balcón de escala de ciudad. Se sabía que luego habría una autopista por lo tanto, el parque se hundía para lograr que éste se uniera visualmente al San Cristóbal. Esto implicaba un borde tipo Parque Forestal y otro más en la tradición de Óscar Prager.

Esto también requería que la municipalidad quisiera hacer un parque público y no un centro de eventos. Hoy por hoy, una de las amenazas de los parques es su éxito, los espacios públicos se ahogan por el éxito porque pasan de ser lugares abandonados a lugares sobrepoblados y sobre exigidos.

El exceso de eventos provoca dos tipos de destrucción, una es la que atenta contra la gratuidad y la otra es una destrucción física contra la tranquilidad que las áreas verdes requieren para crecer. De hecho, los árboles han crecido más lento de lo esperado, puede ser la mantención, pero también es posible que sea por el estrés al que están sometidos todo el tiempo.

En ese sentido, tal vez de manera más dramática que en otras cosas uno puede ver la unión entre la arquitectura, sobre todo el espacio público y la política de gestión urbana. Tú tienes que decidir dónde destinar los recursos y cuáles son los términos en los cuales devuelves a la sociedad una mejor calidad de vida.

¿Cómo ha sido la experiencia de la remodelación de la Quinta Normal?

La Quinta fue un invento del gobierno del Presidente Prieto como una institución que inventó un paisaje de país y de alguna manera inventó el país. Claudio Gay en ese lugar, tenía como encargo ponerle límites a Chile, poner las cosas que el país tenía.

Esa institución habla en ese momento que Chile podía ser una potencia agrícola y que la agricultura les permitiría a los habitantes vivir muy bien. Sin embargo, la crisis de los años 30 genera una crisis de la minería y de la agricultura. El éxito del siglo XIX no es el mismo en el siglo XX, el país no estaba preparado. La institución se pierde y pasa a ser un espacio disponible.

Luego la Quinta pasa a la administración de la Universidad de Chile y se ocupa como facultad. La universidad vende una parte, deja la facultad y un parque. Pero el parque deja de ser el lugar pensado por Gay como plaza urbana donde la gente pudiera entender que el espacio abierto puede mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Adrián Gorelik la menciona en La Grilla y el Parque

Efectivamente, Gorelik la destaca como ejemplo para la Quinta de Rosas en Buenos Aires, que después se transformó en la Sociedad Rural de Argentina y luego en el Parque Palermo.

Para la celebración del Bicentenario se planteó su intervención como parte de las obras urbanas del MINVU, que había tenido un programa de parques urbanos en los noventas. Para dar inicio al proceso se realizó un diagnóstico con proyecto y se llegó a la conclusión de que la Quinta Normal siempre había pertenecido a la ciudad completa y no solo al barrio. No se estaban aprovechando las ventajas del parque producto de su gran subdivisión. Por otro lado, las obras del metro habían dejado espacios que se debían restituir.

La idea de nuestro proyecto fue restituir el parque de Gay y desarrollamos un proyecto junto a Danilo Martic, generando las bases de un parque que en el futuro podría ser mayor. Un parque de la tradición, pero adecuado a los usos actuales del parque.

Se tiene cierta imagen nostálgica de la Quinta, pero muchos no lo han visitado por varios años. La realidad del parque estaba marcada por el deterioro, las restricciones de uso y las rejas. Faltaban servicios sanitarios que terminaron siendo centrales en el desarrollo del proyecto junto a una nueva fuente de agua, pensada para que los niños se bañaran en ella.

Tu arquitectura ha sido influencia para varias generaciones de arquitectos, ¿Cuáles son tus propios referentes?

Más allá de nombres, hoy me siento muy atraído por lo que está pasando en China. No sé quiénes son los arquitectos, pero la calidad de los espacios públicos y equipamientos en las ciudades chinas es realmente notable. Son espacios en que la gente los usa como ciudadanos, con buena mantención y cuidado.

Por ejemplo, lo que se decía de China era que las calles eran sucias. Sin embargo, hoy se puede observar una red de baños públicos gratuitos de alto estándar. Se habla poco de esta seriedad de gobierno urbano que está relacionado con la calidad de vida a la cual están apostando. Claramente está impuesto desde arriba, sin participación. Que es uno de los problemas que tendremos en Chile para la reconstrucción.

¿Cuál es tu obra más querida?

Creo que la remodelación de la Estación Mapocho (realizada junto a M. Palmer, R. Pérez de Arce y R. López) es una obra que me gusta por dos cosas: Primero porque pareciera que no se interviene tanto el edificio, la idea era hacer algo para destacar los valores de la estación. Segundo porque en las postales anteriores el edificio aparece en su fachada, en cambio hoy, si miras las fotos que se suben a internet, son fotos desde el interior. Se le cambió el signo al edificio. El goce del espacio interior.

¿Al servicio de quiénes debe estar la arquitectura?

De alguna manera, los arquitectos somos de las pocas profesiones que de alguna manera pensamos que estamos a disposición de la Arquitectura. Es raro, es estrambótico porque sonaría ridículo para otras profesiones. Esto se debe a que creemos firmemente que es la mejor manera de servirle al mandante.

El ingeniero piensa que el puente cumpla con las condiciones de lo que se está pidiendo, que sea económico, que sea resistente. De alguna manera también está al servicio de la Ingeniería, pero en arquitectura está la interpretación de autoría que enreda las cosas.

Respecto a los premios y el reconocimiento, ¿qué dices respecto al manejo de la ansiedad y el vértigo de la fama?

Los arquitectos desarrollamos una ansiedad porque el autor necesita hacer cosas y en este reconocimiento ve la posibilidad de acceder a más encargos. Por otra parte, el mandante tiene toda la libertad de llamar a quien quiera, lo único que no quiere hacer es el ridículo. Para cualquier persona, le preocupa lo que se diga de la obra. Esto incita a que se recurra a los de mayor reconocimiento, para mayor seguridad.

Tendrá que ver con que seamos una sociedad pequeña y además con pocos concursos.

Claramente y con un miedo al ridículo tremendo. Con pocos concursos donde la arquitectura sea protagonista. En las actuales licitaciones la prioridad está puesta en la economía y en la experiencia. Incluso el Estado no quiere arriesgarse. Muchos concursos podrían ser abiertos a todo el mundo, pero los condicionantes dejan afuera a los arquitectos jóvenes.

De hecho, en los concursos importantes casi siempre los ganan gente nueva.

Otra discusión es que si los arquitectos deberían ser más especialistas. Yo he tratado de no ser especialista, lo cual te deja abierto a experimentar y pensar cosas nuevas. El especialista no goza, ya sabe lo que debe saber. En Chile los peores hospitales fueron construidos por la sociedad de recintos hospitalarios que eran supuestamente especialistas.

¿Cómo visualizas a la arquitectura de un Chile Desarrollado?

Pasa como pasó con el movimiento moderno y las modas, hay dos maneras de acercarse al cumplimiento de los sueños, pesadilla o adecuación.

En vivienda se ha ido construyendo en mayor densidad como sería lo correcto en ciudades más urbanas. Sin embargo, tenemos buenos proyectos como San Borja, pero también tenemos lo que se ha hecho en los últimos 20 años en el centro de Santiago y en todas las principales ciudades de regiones, que es ciertamente lamentable.

Está la capacidad, pero cuánto de desarrollo hay en eso y cuánto hay de especulación. El problema de la mantención de los ascensores y gastos comunes. Si se pensaba que la mayor cantidad de gente generaría más actividad y mayor uso del barrio, esto no está ocurriendo porque la gente se ha gastado sus recursos para el dividendo y vivir. Vale la pena discutir en términos reales cuáles son las características de ese desarrollo.

Los inmobiliarios se van a los municipios que les permitan explotar al máximo cada lote sin importar lo que pase con el barrio. Entonces está el otro extremo que es la defensa de ciertos barrios que a través de la definición de zona típica se congele el desarrollo. Se hace necesario quebrar este modelo.

Tiempo atrás trabajamos en Melipilla. En Chile tenemos muchas ciudades así, es decir, unas 200 ciudades con sus áreas centrales con una gran dignidad. En que todas tienen un Plan Regulador que permite botarlo todo y municipios que promueven la terciarización de estos centros. Se visualiza una ciudad de un piso comercial que ha sacado a la vivienda de estos centros.

Queremos ser desarrollados, pero no tenemos política de desarrollo urbano

La ciudad nunca ha sido tema. Como muchas cosas, la ciudad se maneja por poderes fácticos en el sentido que ciertos grupos imponen sus reglas del juego. Básicamente en la especulación del suelo y en el condicionamiento que permita el desarrollo individual, no la calidad de vida.

Se requiere un cambio. Pueden ser cosas simples, pero de alto impacto. Como una de las cosas lindas que hizo el movimiento moderno, que mejoró las condiciones de vida de la gente a través del acceso al sol. En general cuando se habla del futuro, Gabriela Mistral lo decía, se habla con mucho optimismo, pero estos sueños si los miramos con atención no resisten mucho análisis. Hasta el momento, no hemos tenido gente con visión como Mitterrand y Kubitschek, que marquen un nuevo camino. Tampoco se vislumbran actores dispuestos a plantear algo distinto.

(*) Versión resumida de esta entrevista ha sido publicada en la revista BDNK.

Roberto Moris

Arquitecto y planificador urbano. Subdirector del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC. Profesor Asistente de la Escuela de Arquitectura y del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC.

Editor Revista BDNK

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This entry was posted on 2011/04/01 by in Entrevistas and tagged , , .
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